Octubre 2026
Por Cintia Cejas*
Hubo un momento en que la Argentina entera salía a los balcones a aplaudir a su personal de salud. Era el reconocimiento a quienes sostenían el sistema en su peor momento. Varios años después, vale la pena preguntarse qué quedó de ese gesto, más allá de los discursos de agradecimiento que reaparecen cada tanto.
En octubre de 2025, una encuesta del Foro de Sociedades Médicas Argentinas, que incluyó a 23 sociedades científicas y relevó a casi 3.000 médicos y médicas, arrojó que el 64,5% tenía burnout o estaba en riesgo de tenerlo, con mayor incidencia entre residentes y menores de 50 años. Casi la mitad (49,8%) pensó en emigrar por las condiciones laborales, y solo un 52% dijo que volvería a elegir la medicina como profesión. Detrás de esos números hay una explicación material: la mayoría de los encuestados declaró tener entre tres y cuatro trabajos remunerados para sostener su nivel de vida. Según un informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) publicado este año, con datos de 2020, quienes tienen más de un empleo en el sector salud trabajan en promedio casi 50 horas semanales, frente a menos de 38 de quienes tienen uno solo.
El resto del equipo de salud (enfermería, técnicos, camilleros, personal administrativo) tampoco es ajeno a esta situación. Un estudio de ATSA y la Fundación Friedrich Ebert sobre personal no médico del AMBA, que medía el impacto de la pandemia, encontró que el 39% de los encuestados presentaba burnout. Las mujeres que, según el mismo informe de la OPS, representan casi tres de cada cuatro trabajadores de la salud registrados en el país, cargaban además con mayores responsabilidades de cuidado en sus hogares. Eso explicaba en parte que el pluriempleo fuera más frecuente entre los varones. Ese estudio es de hace cinco años. Y ese vacío de información no es un detalle menor: es, en sí mismo, parte del problema.
Dos episodios recientes lo muestran con claridad
El primero es el del Hospital Garrahan, el centro pediátrico de referencia nacional. Entre mayo y julio de 2025, médicos, residentes y trabajadores protagonizaron meses de paros y movilizaciones por salarios que, en el caso de los residentes, llegaron a ubicarse por debajo de la línea de pobreza. Las renuncias, que venían en un rango de 46 a 56 por año entre 2022 y 2024, treparon a más de 220 en 2025 y a unas 250 hacia fin de año, según estimaciones gremiales, con una caída del poder adquisitivo estimada en el 50%.
El segundo es el de los médicos de cabecera de PAMI. En abril de 2026, una resolución del organismo redujo drásticamente sus honorarios, lo que provocó una ola de renuncias. En Mar del Plata se denunciaron al menos 3.000 afiliados sin médico de cabecera; en Bahía Blanca, entre cinco y ocho médicos dejaron carteras de 600 a 700 pacientes cada uno.
No creo que haga falta otro estudio aislado para confirmar lo que ya sabemos de manera fragmentaria: que el sistema de salud argentino le pide a su personal un nivel de compromiso que no está dispuesto a sostener con condiciones de trabajo dignas. Lo que sí falta es que las autoridades sanitarias, de Nación y de las provincias, se hagan cargo de definir un conjunto mínimo de indicadores de condiciones laborales en salud (cargas horarias, pluriempleo, licencias por salud mental, violencia laboral, entre otros) que permita monitorear al sector de manera sistemática, actualizada y comparable. El propio Ministerio de Salud reconoció, en el marco de ese trabajo con la OPS, que no conoce con precisión el alcance del pluriempleo ni sus causas.
Sin ese piso común, seguiremos discutiendo cada conflicto como si fuera nuevo, cuando en realidad es la manifestación de un problema crónico y estructural. Aplaudir, está claro, no alcanza.
*Cintia Cejas es Coordinadora General del Centro de Implementación e Innovación en Políticas de Salud (CIIPS) del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS).

