Ley Nicolás de Calidad y Seguridad Sanitaria: “No hay que esperar a la reglamentación de la ley para hacer las cosas que tenemos que hacer bien”

La Ley Nicolás (Ley 27.797) o Ley de Calidad y Seguridad Sanitaria de Argentina, sancionada el 18 de septiembre de 2025 y promulgada el 8 de octubre del mismo año, es también la historia de cómo un drama personal dinamizó la articulación con expertos y legisladores para impulsar una herramienta que beneficie al conjunto de los pacientes que se atienden en instituciones médicas del país (y también a los propios profesionales sanitarios y organizaciones de salud).

El tema fue eje del panel inspirador “¿Qué es lo que buscó la Ley Nicolás? ¿Cómo hacer visible la seguridad del paciente?” en el marco de la XV Jornada Nacional del Foro Latinoamericano Colaborativo en Calidad y Seguridad en Salud, que se enfocó a discutir la cultura institucional, gestión de riesgo, seguridad del paciente y transformación de los departamentos de calidad.  

Gabriela Covelli abrió el panel compartiendo la historia de su hijo Nicolás, un deportista de 24 años, timonel y profesor de inglés, quien en 2017 tuvo un síndrome meníngeo que fue malinterpretado como una cefalea por contractura y estrés que se aliviaría con analgésicos, fisioterapia y meditación. “No podía ir otro médico porque confiaba en ese médico. Nunca imaginé que un médico iba a hacer esto”, dijo. Tras varios días de demora diagnóstica, pese a todas las señales de alerta, el joven finalmente fue internado en terapia intensiva del Hospital Comunitario de Pinamar, donde permaneció 9 días hasta su deceso.

“Mientras estuvo internado, Nicolás no era el paciente de la cama 5 para ellos: era Nicolás. Entraban los médicos y le acariciaban la cabeza. Los vi llorar detrás de las columnas. Vi cerrarle la puerta en la cara al primer médico que atendió a Nicolás y no dejarlo entrar más al hospital. Así que en menos de diez días vi las dos caras de la misma moneda. Nicolás murió el 2 de noviembre de 2017 y, cuando me fui, abracé al jefe de esa Terapia Intensiva y le agradecí por su humanidad”, evocó Covelli.

Con un diagnóstico oportuno, todas las pericias médicas coincidieron en que Nicolás habría sobrevivido y ella está segura de eso. “Así que les agradezco de corazón a todos los que luchan por seguridad del paciente: ustedes pueden cambiar la historia”, expresó.

En segundo término, el Dr. Fabián Vítolo, director de Relaciones Institucionales y Servicios Médicos en Noble Compañía de Seguros y uno de los promotores de la norma, repasó los principales ejes de la Ley Nicolás y aseguró las misma que pasó por todos los estamentos que tenía que pasar: “Pasó por la academia, pasó por las sociedades científicas, fue podada, pero los que más sacrificaron para que esta ley fuera posible fueron las víctimas”. Aunque han existido esfuerzos por mejorar la calidad y seguridad de la atención desde hace tres décadas, el Dr. Vítolo manifestó que el gran cambio que impone la ley es que los vuelve exigibles. “No se trata de una guía de buenas prácticas o una recomendación. Es una ley que busca sacar esa opacidad que tenemos en los sistemas de salud, ser mucho más transparentes, estar mucho más cerca de la gente, garantizar un trato humano y ético”, enumeró,

Todavía en proceso de reglamentación y de adhesión de las provincias, la ley alcanza a todos los profesionales de la salud, no solamente los médicos. “Mucho articulado también tiene que ver con cuidar al que cuida. No se puede dar seguridad si uno no se siente seguro, no se puede dar confianza si uno no se siente confiado”, resumió.

Sin embargo, aclaró que la ley va a dar un marco, “pero no hay que esperar a la reglamentación de la ley para hacer las cosas que tenemos que hacer bien”, remarcó el Dr. Vítolo. Y precisó que se puede avanzar desde la práctica (por ej., reportando incidentes y errores, hablando de lo que salió mal), desde el servicio (sistematizando lo que ya se hace bien o visibilizando las barreras), desde la formación (exigiendo las capacitaciones con tiempo protegido) y desde la institución (por ej., invirtiendo en condiciones de trabajo y sosteniendo registros).

Cerró el panel Fabio Quetglas, el diputado nacional que impulsó y fue primer autor del proyecto de la Ley Nicolás. “Argentina tiene una ley de seguridad para pacientes porque hubo personas que comprometieron su tiempo y su dedicación para que esto no fuera una simple respuesta emocional [sino] una respuesta institucional digna”, destacó.

Quetglas reconoció que la ley tiene objetivos que pueden ser considerados “modestos” cuando se compara con los estándares de seguridad en otros lugares del mundo, pero que fue parte de la estrategia para saltar más allá de la grieta, vencer reticencias y lograr los consensos necesarios para aprobarla. “Este es el aporte que nosotros pudimos hacer en este momento en la Argentina y creemos que es un aporte útil. Gabriela [Covelli] me dio la tranquilidad y me dijo: ‘Esto es avanzar porque pone en discusión el tema y lo saca del closet o de un tratamiento exclusivamente corporativo’. Preferimos dar un paso modesto y tener ley a ser muy ambiciosos y no tenerla”, expresó.

“La información sirve si hacemos algo al respecto”

En otro tramo de la Jornada, la Dra. Michele Chismechian, especialista en clínica pediátrica e investigadora en el Departamento de Calidad, Seguridad del Paciente y Gestión Clínica del IECS. presentó datos del primer informe del Observatorio Argentino de Seguridad del Paciente, que recopiló la evidencia pública disponible sobre calidad de la atención en el sistema de salud del país e identificó las oportunidades de mejora que se desprenden de los hallazgos.

“Nuestro objetivo fue juntar toda la información que hay de distintas fuentes, ya sea publicaciones o sistemas de vigilancia, para poder hacer un único reporte y acercarnos a una imagen de lo que sabemos y lo que no sabemos [sobre seguridad de atención] y qué es lo que podemos mejorar”, explicó la Dra. Chismechian.

El documento aborda cuestiones tales como la cobertura territorial de instituciones que reportan a sistemas de vigilancia y datos sobre infecciones o trombosis asociadas al cuidado de la salud, adherencia a la higiene de manos, uso optimizado de antimicrobianos, eventos adversos asociados al uso de medicación, lesiones prevenibles (úlceras por presión y caídas), comunicación e identificación correcta del paciente, cultura de seguridad del paciente y segundas víctimas.   

“Tenemos esta línea de base y esta herramienta que es información, pero la información sirve si hacemos algo al respecto”, reflexionó la Dra. Chismechian.

La sucedió en el panel el Dr. Jorge Neira, médico intensivista, presidente de Fundación Trauma y de la Academia Nacional de Medicina de Buenos Aires, quien sugirió que el reporte muestra el mapa heterogéneo y hasta “errático” del país y destacó la importancia de que este tipo de investigación tenga continuidad y sustentabilidad.   

“Hay algunos lugares donde no hay un solo dato, lugares donde hay datos que uno puede discutir cómo se tomaron y lugares donde el dato tiene mejor calidad. Pero si uno quiere hacer estrategias de mejora de la calidad, tiene que estar basada en datos, debo contar con información de la situación previa para demostrar que la acción correctiva tomada es útil”, sentenció.

“Tenemos que juntar los registros, hacer un consorcio de entidades que reportan. El primer paso para mejorar nuestro sistema de salud es disponer de información fidedigna para cualquier estrategia de intervención que queramos hacer en calidad”, subrayó.