Por el Prof. Dr. Andrés Pichon Riviere, director general de IECS
En un escenario donde los sistemas de salud enfrentan desafíos crecientes, la producción de conocimiento riguroso ya no alcanza por sí sola. El reto central hoy es lograr que esa evidencia informe decisiones concretas, oportunas y sostenibles. Allí es donde el IECS adquiere su mayor valor estratégico: actuar como puente entre el conocimiento y la acción.
A lo largo de estas décadas, el IECS ha ampliado su alcance a más de 40 países, consolidándose como un actor relevante en la formación de profesionales y el acompañamiento técnico a políticas públicas. Este crecimiento ha ido de la mano de una identidad clara: generar evidencia rigurosa y aplicable para mejorar la salud, especialmente en contextos donde las decisiones impactan directamente sobre las poblaciones más vulnerables.
Este año marca un punto de inflexión en nuestra trayectoria institucional. Por un lado, hemos avanzado en la implementación de una nueva estructura de gobernanza que clarifica responsabilidades y establece marcos más sólidos para la discusión y la toma de decisiones. El crecimiento de nuestros equipos y la complejidad de nuestros proyectos exigían una arquitectura institucional acorde a nuestra escala actual.
Por otro lado, nos encontramos próximos a mudarnos a nuestra nueva sede en la calle Lavalleja. Contar con un espacio propio no es solo un cambio operativo: es una señal concreta de la madurez alcanzada por la institución y de nuestra vocación de largo plazo. Es también una oportunidad para fortalecer el trabajo colaborativo, consolidar nuestra comunidad y seguir construyendo un entorno que favorezca la generación y aplicación de conocimiento de calidad.
Ambos procesos, el fortalecimiento de la gobernanza y la nueva sede, forman parte de una misma evolución: la consolidación del IECS como una institución cada vez más sólida, preparada para sostener su crecimiento y ampliar su impacto.
En este nuevo período, que tengo el honor de liderar como director general (2026–2030), me acompaña un Directorio que cumple un rol central y está integrado por referentes de amplia trayectoria en investigación, salud pública y gestión. La diversidad de experiencias de sus miembros enriquece la deliberación y fortalece nuestra capacidad para abordar problemas complejos desde una perspectiva integral.
Es un momento que combina orgullo por lo logrado y responsabilidad por lo que viene. En lo personal, es un honor liderar esta etapa del IECS, que asumo con humildad y con el privilegio de trabajar junto a un equipo de profesionales a quienes admiro y respeto profundamente.
El IECS continuará profundizando su posicionamiento internacional, impulsando líneas estratégicas orientadas a traducir la ciencia en mejoras concretas en los sistemas de salud. Lo que está en juego no es solo el desarrollo de una institución, sino nuestra capacidad de contribuir a sistemas de salud más eficientes, equitativos y preparados para el futuro.
Al mismo tiempo, quienes trabajamos en salud global estamos atravesando un período de crecientes desafíos, con mayor incertidumbre, restricciones en el financiamiento y tensiones en los sistemas de salud en distintos países. En este contexto, la necesidad de generar evidencia rigurosa y, sobre todo, de lograr que esa evidencia se traduzca en decisiones efectivas, se vuelve aún más crítica.
Reforzar el vínculo entre evidencia, decisión y acción es hoy más imprescindible que nunca. La etapa que comienza representa una oportunidad para consolidar al IECS como un actor clave en América Latina y el Sur Global, comprometido con la generación de conocimiento relevante y su impacto real en la salud de las poblaciones.

